jueves, 6 de julio de 2017

Aparcamientos de bicicleta en Holanda

La bicicleta, como cualquier vehículo, necesita aparcar. Este es un asunto que se suele pasar por alto en las políticas de promoción de la bicicleta, usualmente centradas en la creación de vías ciclistas y otra infraestructura viaria como ciclo-calles, etc. Sin embargo, cuando las anteriores políticas de promoción comienzan a tener éxito, el aparcamiento seguro de bicicletas, no solo en la vía pública, sino en origen (hogares y comunidades de vecinos) y destino (centros de trabajo y estudio, centros comerciales y de ocio, estaciones del transporte público, et.) empieza a aparecer como un problema acuciante y, en ocasiones, como el principal "cuello de botella" para seguir avanzando en la promoción de la bicicleta.

Empecemos por decir que el espacio necesario para aparcar una bicicleta puede llegar a ser muy reducido, en torno a 0,5 m2 por bicicleta en las infraestructuras más compactas, como se puede ver en el cuadro adjunto, procedente del Manual Metodológico para la Intermodalidad Bicicleta Transporte Público

donde se pone de manifiesto el notable ahorro de superficie que significa el aparcamiento de bicicletas por comparación con el de automóviles. Pero aún así, cuando se trata de aparcar un gran número de bicicletas, el espacio total puede llegar a ser significativo. Siendo Holanda el país mas avanzado en las políticas de fomento de la bicicleta, no está de más echar un vistazo a las soluciones que en dicho país se han venido desarrollando en los últimos años para paliar este problema. 

Probablemente donde el mencionado problema de aparcamiento de bicicletas sea más acuciante es en las estaciones del transporte público, especialmente del ferrocarril, posiblemente el modo de transporte público más utilizado en Holanda y el mas popular para desplazamientos superiores a los 5-8 km, que no se realizan habitualmente en bicicleta. Según los datos mas recientes, el 42% (sic) de los desplazamientos en tren que se realizan en Holanda empiezan por un traslado en bicicleta desde el punto de origen a la estación. Esta es la causa del "problema" (*). Por poner un ejemplo, la Estación Central de Utrecht (el nudo ferroviario más importante de los Países Bajos) acoge diariamente a más de 175.000 viajeros. Si el 50% son accesos y de este 50% el 42% acceden en bicicleta, la estación necesita plazas de aparcamiento para al menos 37.000 bicicletas que acuden diariamente a ella. Así, la estación acaba de crear un parking cerrado y vigilado de bicicletas con capacidad para 5.500 bicicletas y está construyendo otro con capacidad para 12.500 bicicletas. 

Interior del parking de bicicletas de la Estación Central de Utrecht, con capacidad para 5.500 bicicletas. El parking es semi-subterráneo (el techo inclinado corresponde a las escaleras que dan acceso a la plaza construida sobre el parking). 

Al parking de la foto superior se acede desde el exterior mediante unas escaleras dotadas de guías para poder subir y bajar las bicicletas sin necesidad de cargarlas (en algunos casos dichas guías están dotadas de mecanismos eléctricos de ayuda), lo que constituye una infraestructura muy común en Holanda. Además cuentan con accesos peatonales a los andenes de la estación mediante ascensores y escaleras convencionales.

Acceso exterior al parking de la Estación Central de Utrecht

Junto a estos sistema, prevalecen en la mayoría de las estaciones y en la propia de Utrecht, los antiguos aparcamientos libres en superficie, pues los parkings cerrados distan todavía de satisfacer toda la demanda, aunque ese sea el objetivo a medio plazo. Éstos aparcamientos libres disponen de amarres a dos niveles por razones de espacio, iluminación nocturna y, como puede apreciarse en la imagen adjunta, cámaras de vigilancia

Parking exterior en la Estación Central de Utrecht

cuyo cometido es, además de la vigilancia, identificar las plazas libres mediante un programa de reconocimiento de imagen. El cartel en primer plano es un cartel para advertir de la vigilancia y contra el robo; viene a decir algo así como "te estamos vigilando". 

Pero lo parkings en las estaciones de tren, con ser la infraestructura mas llamativa en Holanda, no es la única. En el centro de Utrecht hay una decena de parkings vigilados de menor tamaño, cuyo objetivo es dar servicio a la población que se desplaza al centro para trabajar, hacer compras o simplemente pasear. Estos parkings, junto con los de las estaciones de tren (hay más de una en Utrecht) están gestionados por una empresa municipal de unos 100 trabajadores que prestan vigilancia a los mismos. Estos parkings se ubican en locales como el de la fotografía adjunta y cuentan con servicios adicionales como son consignas, préstamo (gratuito) de carritos de bebé (para las personas que vengan en bici con sus niños pequeños) o alquiler de bicicletas de carga.

Exterior de un parking municipal en una calle de Utrecht. En primer plano los carritos de bebé y una bici de carga. 

Para que la vigilancia de todos estos parkings públicos de gestión municipal sea efectiva, es preciso disponer de un sistema que garantice que cada usuario sale con la misma bicicleta con la que entró. El sistema para ello es simple y eficaz. Cada usuario pega en su bicicleta una pegatina con un código de barras y tiene otro código de barras que puede llevar consigo o simplemente coger en el propio parking. Un lector de códigos de barras toma nota de ambos códigos a la entrada, de modo que solo si ambos códigos coinciden también a la salida al usuario se le deja salir con su bicicleta. En la foto se ilustra este sistema: 

 Códigos de barras para identificación del par bicicleta - usuario.

Un sistema que se ha instalado recientemente son postes indicadores de plazas libres en los diferentes aparcamientos de bicicletas. Estos indicadores utilizan la información que envían en tiempo real las cámaras de vigilancia instaladas en los diversos parkings municipales o, en su defecto, relés de bajo coste instalados en los propios amarres de bicicletas. En la imagen uno de estos postes indicadores en una plaza de la ciudad. 

Poste indicador de plazas libres en los parkings de bicicletas de Utrecht.

Otro aspecto interesante de la política de aparcamiento de bicicletas en Holanda son los parkings provisionales para eventos en la calle como conciertos, teatro al aire libre, etc. Para ello se utilizan parkings provisionales muy fáciles de montar y desmontar, así como de plegar y transportar. En la foto uno de estos parkings que permiten colgar las bicicletas por el manillar y que se pliegan de manera compacta para su transporte (observar al fondo de la foto las secciones del parking plegadas y cargadas par su transporte). 

Parking provisional desmontable en una plaza de Utecht. Al fondo los elementos del parking desmontados y preparados para su transporte.

Finalmente, el municipio instala en locales vacíos en los barrios y a petición de los vecinos, aparcamientos de bicicletas que son alquilados por éstos por un módico precio. Los vecinos disponen de la llave de estos locales y guardan en ellos sus bicicletas en un régimen autogestionado. Complementariamente, el Ayuntamiento también instala mini-hangares metálicos para bicicletas en la calle, con un régimen de gestión similar. 

Parking y hangar para bicicletas en un barrio residencial de Utrecht


Junto a estos ejemplos de parkings públicos gestionados por el ayuntamiento, hay numerosos ejemplos de parkings privados. Prácticamente todos los centros educativos, centros de trabajo, comercios, etc. cuentan con algún tipo de facilidad de aparcamiento para sus estudiantes, trabajadores y/o clientes. Valga como ejemplo este aparcamiento en un sótano de una Facultad de la Uiversidad de Utrecht



O este otro aparcamiento en el patio de una escuela de enseñanza primaria:




Pese a todo este esfuerzo por dotar a las ciudades de una infraestructura segura para aparcar las bicicletas, la verdad es que la mayoría de los holandeses aparcan su bicicleta simplemente en la calle. Y hay que decir también que pese a la abundante oferta de aparcamientos en la vía pública, con un diseño bastante compacto además, falta espacio y a veces la acumulación de bicicletas en las calles llega a ser un problema. Para paliar en parte este problema algunas ciudades han dispuesto zonas acotadas y vigiladas en la vía pública para aparcar las bicicletas, como este parking al aire libre en Nijmegen, a escasos kilómetros del Utrech



En general el coste de todas estas infraestructuras públicas, incluyendo las vigiladas, es gratuito para los usuarios durante las primeras 24 horas, empezando a cobrarse a partir de ahí. 

Para evitar el aparcamiento indiscriminado de bicicletas en las calles, algunas ciudades han puesto en marcha programas de recogida de bicicletas mal aparcadas o abandonadas, este es el caso también de Nijmegen. El procedimiento es simple: los agentes encargados del servicio llevan a cabo cada cierto tiempo batidas para identificar estas bicicletas mal aparcadas (por ejemplo a la puerta de un comercio). Si la infracción no es grave, simplemente dejan una pequeña banda de papel atada a la bicicleta para avisar al usuario de que su bicicleta está en un lugar no adecuado para ello. Tras un periodo prudencial (alrededor de una hora) vuelven a pasar y si la bicicleta está en el mismo lugar la retiran y la llevan a un almacén. Este procedimiento es amable para el usuario (en el ejemplo anterior, si el ciclista simplemente ha entrado en al comercio para comprar algo, solo tiene que quitar la señal de la bici a salir y llevarla a otro sitio, sin mayor sanción) porque el objetivo no es sancionar sino simplemente evitar la acumulación de bicicletas sin motivo. 

Una vez retirada, la bicicleta es fotografiada y la foto subida a una página web donde se indica el almacén al que el usuario debe ir para recuperar su bici. Esta devolución tiene un coste que depende de la gravedad de la infracción. En la imagen una bicicleta recién recogida y con la banda de papel (amarilla) aún colocada en el portaequipajes, preparada para ser fotografiada en uno de estos almacenes:



Un sistema similar, que incluye la colocación de una banda de papel en la bici, se utiliza para identificar las bicicletas abandonadas en los parkings públicos, que se retiran una o dos semanas después de su colocación. Estas bicicletas son también enviadas a los almacenes citados. Tras unos meses sin ser recogidas, se reciclan de alguna manera a través de ONGs o se convierten en chatarra. 

Este reportaje sobre la política de aparcamientos de bicicletas en los Países Bajos no estaría completo sin referirnos brevemente a las OV fiets: La OV fiets son bicicletas de préstamo que se ofrecen a los asociados al sistema en las estaciones de ferrocarril holandesas, mediante un sistema muy similar al del servicio Bus+Bici que los Consorcios de Transporte ofrecen en algunas ciudades andaluzas, solo que a una mucho mayor escala y con un cierto coste para los usuarios. El servicio fué una propuesta de la asociación de ciclistas holandeses Fietsersbond y consiste en el préstamo de una bicicleta a los usuarios del transporte público que llegan a la estación para sus desplazamientos por la ciudad de destino. Como la bicicleta ha de devolverse en la propia estación, el sistema es muy económico al no tener gastos de redistribución. En 2014 se realizaron más de 1,5 millones de préstamos de OV fiets en todos los Países Bajos. En la fotografía, OV fiets preparadas para ser prestadas en la estación de Nijmegen. Como se puede apreciar en la foto, el servicio de préstamo de las OV fiets está a menudo asociado a otros servicios, como taller o tienda de accesorios para bicicletas. 



Hasta aquí esta breve reseña de las diferentes medidas que se han ido desarrollando en Holanda para solucionar el problema del aparcamiento de las bicicletas, un problema que no es baladí cuando de verdad se apuesta por promover la movilidad en bici. En España es posible que la mayoría de las ciudades consideren que están todavía muy lejos de enfrentarse a tales problemas, pero ello no es así. De hecho, en algunas ciudades españolas, como Sevilla, las asociaciones ciclistas consideran el aparcamiento seguro de las bicicletas como uno de los problemas más importantes a resolver, si no el más importante, para seguir avanzando en la promoción de la bicicleta. Por eso, conocer como se resuelve este problema en el país más avanzado del mundo en políticas de promoción de la bicicleta puede ser de enorme utilidad, también en España. 



---------------------
(*) Entre comillas, pues gracias a ello el radio de acción de las estaciones de tren holandesas se multiplica por un factor de 10 (y el área total por un factor de 100) respecto del radio de captación peatonal, lo que contribuye a hacer del sistema ferroviario holandés el más eficaz del mundo en cuanto a relación entre población servida y longitud de la red.

  

jueves, 29 de junio de 2017

Las cuentas del Sr. Consejero

El Consejero de Fomento de la Junta de Andalucía Felipe López, el mismo que recortó de 400 a 40 millones de euros la financiación del Plan Andaluz de la Bicicleta, acaba de anunciar una inversión de 2.600 millones de euros (sin contar gastos financieros, supongo) en metros y tranvías, para "sacar de las calles de la comunidad (andaluza) unos 15.000 vehículos en el horizonte del año 2020." Cabe suponer que se refiere a vehículos automóviles, o sea coches, y no a bicicletas, autobuses o tranvías, que también son vehículos.

Es sin duda un propósito loable, pero alguien debería recordarle que la construcción del carril-bici de Sevilla logró un objetivo análogo (*) con una inversión de algo más de 30 millones de euros, y con unos gastos de mantenimiento en torno a los 300.000 euros al año. Y que el Plan Andaluz de la Bicicleta, cuya financiación recortó de manera tan espectacular, hubiera supuesto alcanzar unos resultados parecidos en las principales áreas metropolitanas andaluza. Dicho de otro modo, con los casi 400 millones de euros "ahorrados" en el PAB podría haber conseguido un objetivo mucho mas ambicioso que esos 15.000 "vehículos eliminados" en toda Andalucía.





Por la red de vías ciclistas de Sevilla circulan diariamente mas viajeros 
que por el Metro de Sevilla

Claro que la ambición no es la principal característica del Consejero, al menos en lo que a movilidad sostenible se refiere. Si tenemos en cuenta que solamente en el Área Metropolitana de Sevilla se realizan diariamente un millón de desplazamientos en automóvil privado y que en Málaga ocurre otro tanto, así como en el resto de las ciudades andaluzas, la reducción de 15.000 desplazamientos diarios en automóvil supone reducir la movilidad motorizada en toda Andalucía en aproximadamente un 0,5%, lo que no parece un resultado espectacular.

Y todo ello a un coste de 2.600.000.000/15.000 = 170.000 euros por desplazamiento evitado, lo que tampoco supone un uso muy eficiente de los recursos públicos (**). Sobre todo si tenemos en cuenta que los metros urbanos que se han estado construyendo en Andalucía no son tampoco un dechado de eficiencia en el uso de los recursos públicos. Así, el metro de Sevilla, como reconoce la propia revisión del PISTA (Plan de Infraestructuras para la Sostenibilidad del Transporte en Andalucía), supone un desembolso anual en torno a 50 millones de euros por parte de la Junta de Andalucía, solo para paliar el déficit de explotación comercial. No soy de los que claman que el transporte público debe ser "rentable", pero un déficit semejante no deja de ser escandaloso y una clara prueba de planificación errónea.

¿Tan difíciles de sustituir son los desplazamientos en coche en Andalucía que hemos de gastarnos, entre todos los andaluces, 170.000 euros por cada desplazamiento sustituido, sin contar los gastos de mantenimiento y explotación de la alternativa? Desde luego, ante tal perspectiva, solo puede cundir el pesimismo. Y que encima la persona encargada de dirigir la gestión de la movilidad en Andalucía saque pecho ante tamaño desastre resulta ya absolutamente deprimente. Y que, para colmo, todo ello se realice en cumplimiento de un plan que ostenta el pomposo nombre de plan para "la Sostenibilidad del Transporte", entra ya en la categoría de broma macabra.


 El BRT es un alternativa mas eficiente y económica a metros y tranvías. 
En la foto el "Transmilenio" de Bogotá

Las cifras que acabo de glosar no son sino un ejemplo más de la inconsistencia de la política de movilidad de nuestra comunidad autónoma, caracterizada por la enorme distancia entre los objetivos enunciados y la realidad, así como por la inadecuación entre aquellos y los medios que se proponen para alcanzarlos. Es evidente que los nuevos metros y tranvías son el buque insignia de la política de movilidad de la Junta de Andalucía. Pero como acabamos de ver se trata de una política manifiestamente inútil para alcanzar los objetivos de sostenibilidad enunciados a un coste mínimamente razonable. En cambio, políticas que podrían contribuir de manera eficaz y a un coste razonable a la "sostenibilidad del transporte en Andalucía", como el Plan Andaluz de la Bicicleta, son abandonadas sin motivo aparente, más allá de una cierta e irracional inquina política.

Una pena.

-----------------

(*) Ver el Informe del SIBUS, al respecto: En 2011 se realizaban en Sevilla unos 70.000 desplazamientos diarios en bicicleta, de los cuales una tercera parte aproximadamente provenían del automóvil privado.

(**) La misma cuenta da para los desplazamientos evitados en Sevilla con la construcción del carril-bici en torno a 1.700 euros por desplazamiento evitado, unas 100 veces menos. 

viernes, 23 de junio de 2017

"La Importancia de la Bicicleta" ya está a la venta

¡Uf! Han sido casi dos años de espera, pero por fin el parto ha terminado con éxito y el libro ya está en la calle, editado por la Universidad de Sevilla con la foto de mi amiga Rocío y su hijo Nico en la portada (gracias por prestarme vuestras imágenes).


¿Por qué la "importancia" de la bicicleta? Porque como describo en el libro, la bicicleta (convencional o eléctrica) es una pieza clave de cualquier proyecto urbano de movilidad sostenible. No es casualidad que la movilidad, y en especial la movilidad urbana, se haya convertido en el "talón de Aquiles" de la lucha contra el cambio climático (ver sección 2.3 del libro). Por otro lado, las que podríamos llamar "soluciones dentro del sistema", como el coche eléctrico o los biocombustibles son manifiestamente insuficientes (ver sección 2.6). Es preciso pues un cambio de mentalidad (*) hacia el desarrollo de "cadenas intermodales sostenibles" (ver sección 4.4 y ss.) en las que la bicicleta puede y debe jugar un papel esencial. 
 
Por otro lado, más allá de la mera eficiencia energética, las ciudades post-industriales se enfrentan a un verdadero problema de habitabilidad. Como escribo en el prefacio: 

Cuando uno se desplaza en bicicleta por su ciudad establece una relación con ella muy diferente a la que establece el usuario de cualquier modo de transporte motorizado. Un ciclista, en su deambular por la ciudad, puede olerla, escucharla, percibirla y, en último extremo, puede bajarse de la bicicleta y continuar su paseo andando junto a su bici. Así, el ciclista puede pararse a conversar con un amigo, a comprar un periódico o una fruta, o un pastel atraído por la fragancia de la pastelería. En definitiva, el ciclista se sumerge en su ciudad de un modo muy parecido a como lo hace un paseante, aunque gozando de un mayor recorrido. Es por ello que a medida que los ciudadanos de todo el mundo empiezan a plantearse no ya cómo sobrevivir, sino cómo vivir en sus ciudades, vuelven la vista hacia la bicicleta como el modo ideal para abarcar de nuevo toda su ciudad, sin perder calidad de vida ni transformarse en meros espectadores de la vida de los demás a través de las ventanillas de sus automóviles. Así, la bicicleta - que es también hija de la revolución industrial - se convierte en el vehículo ideal para devolver a las ciudades la escala humana que la propia revolución industrial les arrebató al convertirlas en metrópolis.
 
Pero volver a implantar la bicicleta en la ciudad no es una tarea trivial. Como escribo también en el prefacio y desarrollo en el capítulo 4: 

Para que el uso masivo de la bicicleta pueda ayudar a devolver su escala humana a la ciudad post-industrial es preciso devolver a su vez la ciudad a la bicicleta, lo que no es tarea fácil porque, si bien las bicicletas fueron el vehículo predominante en casi todo el mundo industrializado durante las décadas de los años 30, 40 y 50, el "boom" del automóvil la ha eclipsado hasta reducirla a porcentajes insignificantes del reparto modal en casi todo el mundo, a excepción de unas pocas ciudades que todos conocemos y admiramos. Es fácil comprender por qué: la bicicleta es una máquina y como tal tiene difícil acomodo en la acera, junto a los peatones. Pero tampoco goza de la potencia y la velocidad de un vehículo a motor, por lo que su acomodo en la calzada junto a dichos vehículos tampoco es fácil ni mucho menos... El resultado es que la bicicleta se ha quedado sin sitio en las ciudades. Y ya se sabe que el espacio es el bien más preciado en una ciudad.
 
Por otro lado: 

Cuando hablo de que la bicicleta necesita recuperar su sitio en la ciudad no me refiero solo a la vía pública, sino en general a toda la ciudad (parques, comunidades de vecinos, empresas, lugares de estudio, de ocio, transportes públicos...) incluyendo las mentes de sus habitantes. De hecho, esto último es quizás lo más importante porque, aunque hoy en día hay cierto consenso acerca de las bondades de la bicicleta como modo de transporte, ésta sigue siendo vista como un vehículo más bien accesorio a la hora de elaborar las políticas de movilidad. Es preciso que desde los políticos y los planificadores hasta los ciudadanos de a pie, todos tomemos conciencia de la importancia de la bicicleta (de ahí el título de este libro) como componente imprescindible de cualquier modelo de movilidad urbana sostenible. Personalmente estoy convencido de que, sin un uso masivo de la bicicleta, no es posible avanzar en la práctica hacia dicho objetivo. Y eso es lo que espero haber demostrado a lo largo de este libro.  

El libro se completa con un capítulo introductorio dedicado a la historia y la física de la bicicleta y otro final dedicado a analizar la reciente experiencia ciclista de Sevilla. Personalmente estoy convencido de que sin conocer, aunque sea mínimamente, la historia y las leyes que rigen el funcionamiento de cualquier artilugio producto del ingenio humano, no es posible juzgar con verdadero conocimiento de causa el alcance de sus potencialidades. En cuanto al último capítulo, dedicado a la experiencia de Sevilla, considero que hubiera sido imperdonable no incluirlo en la obra, dado el interés de dicha experiencia y mi participación en la misma.

Por una curiosa y feliz coincidencia, la publicación de este libro coincide con el 200 aniversario de la construcción del primer precedente de la bicicleta, la draisiana, inventada en 1817 por Karl Drais en la localidad alemana de Karlsruhe. Valga pues la coincidencia para rendir homenaje al Barón, a cuya inventiva debemos esa maravillosa idea de impulsarnos sobre dos ruedas sin caernos.
 
Un saludo y espero que os guste la obra. 

Sevilla, 23 de junio de 2017. 

-----------------------------

(*) Por cierto que, eso es precisamente los que no se cansa de reclamar últimamente la industria del automóvil en relación al coche eléctrico. Pero, puestos a cambiar de "mentalidad" ¿Por qué no cambiar también de vehículo?

miércoles, 14 de junio de 2017

Siempre nos quedará Holanda

Estoy en Nijmegen, donde se celebra este año el congreso anual Velocity, organizado por la ECF. Hacía tiempo que no se organizaba un Velocity en Holanda y muchos lo echábamos de menos.


Holanda representa muchas cosas en el mundo del ciclismo urbano: Es el país donde se desarrollaron las primeras políticas de fomento de la bicicleta y el que marcó la pauta del diseño de infraestructuras ciclistas en todo el Mundo; por supuesto es el país con más km de vías ciclistas (35.000 km) y donde más se usa la bici (los holandeses recorren más de 15.000 millones de km en bici al año). Pero sobre todo Holanda representa una actitud ante la bicicleta. 

Y los holandeses son conscientes de ello. En el programa que nos han repartido hay una sección de consejos acerca de como ir en bici en Holanda, titulada "How to cycle like the dutch". Una de sus primeras frases es: "Cycling here is a faster form of walking" (Aquí ir en bici es una manera rápida de caminar). Pocas frases definen mejor la manera desenfadada en que los holandeses usan sus bicicletas. Un desenfado que a algunos les parecerá anarquía, pero que es el resultado de una larga y sabia relación con la bicicleta como modo de transporte cotidiano. Pocos en el mundo saben sacarle tanto partido a un cuadro y dos ruedas como los holandeses. 

Recuerdo que en el Velocity celebrado en Sevilla propuse y coordiné un panel titulado "¿Qué es la bici, un coche sin motor o un peatón con ruedas?" y las reacciones, a veces airadas, que suscitó la segunda hipótesis, tanto durante el panel como sobre todo después, en las redes sociales. Recuerdo también que en el Velocity de Vancouver, antes de darnos nuestra bici (y nuestro casco, que en Vancouver es obligatorio) nos hacían firmar un papel en el que reconocíamos que "ir en bicicleta es algo potencialmente peligroso" y en el qué renunciábamos a exigir a la organización cualquier responsabilidad al respecto. Un holandés jamás te haría eso, le parecería tan absurdo como obligarte a firmar que "salir a la calle es peligroso" antes de darte unos zapatos. 


El Rey Guillermo de Holanda y su familia en bicicleta.

En la ceremonia de apertura del Congreso - que fue presidida por el propio Rey Guillermo de Holanda, que como es lógico también es usuario de la bicicleta, como toda su familia - nos pusieron este estupendo y divertido vídeo, que se puede ver en Internet junto con muchos otros similares y que es uno de mis vídeos favoritos desde hace tiempo: 

https://www.youtube.com/watch?v=BqkDiExIEiE

Aconsejo al lector o lectora que se entretenga contando cuantas de las escenas que aparecen en el vídeo son ilegales y/o desatarían el escándalo y la ira de las mentes bienpensantes en España y en muchos otros países del mundo: ir en bici con paraguas, pasear al perro mientras se va en bici, pedalear llevando otra bicicleta, llevar a un amigo/a en tu bici, circular en paralelo y otras muchas que no aparecen en la versión del vídeo que he encontrado en Internet, pero que sí aparecían en el vídeo que nos pusieron y que aparecen en otros vídeos del mismo canal (*) que son también muy comunes en Holanda, como hablar por el móvil mientras se pedalea o llevar en la bici objetos inverosímiles. 

Sin embargo, pensándolo bien, muchas de esas cosas eran también comunes en España cuando en este país todavía de usaba la bicicleta como modo de transporte cotidiano. Al menos yo recuerdo haberlas hecho de niño y de adolescente. Claro que, dirán algunos, el mundo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora educamos a los niños mejor. ¿O simplemente hemos hecho un mundo mucho más peligroso para los niños y nos sentimos mal por ello?

En una sociedad hiper-protectora, que siente una aversión patológica al riesgo al mismo tiempo que crea un mundo cada vez más peligroso, pedalear por ese maravilloso país de cronopios en bicicleta que es Holanda es una terapia que debería recetarse en las consultas de psiquiatría. Así que ya sabéis, cuando no podáis soportar más las admoniciones del Estado y sus representantes (oficiales y extra-oficiales) que os aconsejan "por vuestro bien" que llevéis siempre casco y chaleco reflectante, o que no llevéis a vuestros hijos a la escuela en bici "porque es una irresponsabilidad", etc., daos un paseo por Holanda para recuperaros.

A mí me funciona.

----------------------------

(*) Por ejemplo aquí:  https://www.youtube.com/watch?v=g4jBpdTicRI

jueves, 6 de abril de 2017

Peatones y ciclistas, los mas débiles también ante la ley.

Acaba de volver a suceder: un peatón (en este caso un menor) ha sido gravemente atropellado por una motocicleta en un paso de peatones. Es seguro que esto dará lugar a un juicio en el que se debatirá, sobre todo, si el semáforo estaba en rojo o en verde y si la negligencia fue del conductor o del peatón.

El ordenamiento jurídico español en materia de responsabilidad civil en los accidentes de tráfico considera que solo en caso de negligencia por parte del conductor existe responsabilidad. Una sentencia reciente ofrece una buena muestra de ello. Es más, si se considera probado que hubo negligencia por parte de la víctima, incluso en el caso de que también hubiera negligencia por parte del conductor, la responsabilidad de éste se vería atenuada. En este caso, incluso es posible que toda la responsabilidad recaiga sobre la víctima, que se verá obligada a indemnizar al conductor, como en esta otra sentencia.

Cuando mostré mi indignación por la primera sentencia en las redes sociales, algunas personas me acusaron inmediatamente de parcialidad y de "culpar de todo a los coches". Algunas me recordaron que los peatones también tienen la obligación de respetar las normas de tráfico y de "cuidar de sí mismos". Hube de aclarar que responsabilidad no es sinónimo de culpa: si una avería de un grifo de mi casa causa una inundación al vecino de abajo, eso no implica que sea mi culpa, pero sí es mi responsabilidad. Así que la ausencia de culpa, o incluso de negligencia (el grifo podía estar en perfecto estado antes de irme, o parecerlo así mas allá de toda duda razonable) no implica ausencia de responsabilidad.

Sin embargo, este concepto de responsabilidad objetiva (en inglés strict liability), que no se basa en la existencia de culpa o negligencia, sino en la mera existencia de un riesgo objetivo, no se aplica en España a los accidentes de tráfico. Por el contrario, en España solo se les aplica el concepto de responsabilidad subjetiva, que implica la existencia de alguna culpa o negligencia por parte del conductor del vehículo. De ese modo, la carga de la prueba recae siempre sobre la víctima, que ha de demostrar que ha habido culpa o negligencia por parte del conductor. Es como si, en el ejemplo anterior, el vecino de abajo tuviera que demostrar que me dejé el grifo abierto a propósito, o que  descuidé gravemente la conservación de mi instalación de agua corriente durante los meses o semanas anteriores a mi partida. Desde un punto de vista práctico, esto significa que el peatón o ciclista ha de enfrentarse a un juicio contra los abogados, generalmente muy experimentados en este tipo de demandas, de la aseguradora del conductor, a los que les basta con demostrar que no hay evidencias suficientes de negligencia por parte de su defendido para ganar el juicio. No es de extrañar que la mayoría de las demandas de este tipo acaben con la absolución del conductor, o con un "acuerdo" entre las partes, bastante beneficioso para la aseguradora.

¿Qué ocurre en otros países? En Europa, los informes que he consultado indican que el concepto de responsabilidad objetiva (strict liability) sí se aplica a los accidentes de tráfico en muchos países. En concreto este concepto se aplica de un modo u otro a los accidentes de tráfico en Bélgica, Alemania, Dinamarca, Grecia, Finlandia, Holanda, Francia, Noruega, Portugal y Suiza. En la mayoría de estos países, las víctimas de los accidentes de tráfico, especialmente si son peatones o ciclistas, tienen derecho a ser indemnizadas por los daños sufridos en el accidente sin necesidad de demostrar que ha habido culpa o negligencia por parte del conductor del vehículo que los atropelló. De ese modo, la carga de la prueba se invierte y es el conductor el que ha de demostrar que ha habido culpa o negligencia por parte de la víctima para quedar exento de responsabilidad. 

La teoría jurídica detrás de este proceder la define muy bien esta cita de Lord Alfred Denning, uno de los jueces mas prestigiosos de Inglaterra (citada en un boletín de Road Pace, una de las asociaciones de víctimas mas prestigiosas del mundo), referida al automóvil (el subrayado es mío):

En el actual estado del tráfico, estoy persuadido de que cualquier sistema civilizado debería exigir, por principio, que la persona que utilice este peligroso instrumento -que suele asociarse con la muerte y la destrucción a su alrededor-, se vea obligada a indemnizar a cualquier persona que resulte muerta o herida como consecuencia del uso del mismo. Debe haber responsabilidad sin prueba de culpa. Exigir a una persona lesionada que pruebe dicha culpa, constituye una injusticia gravísima para muchas personas inocentes que no tienen los medios para demostrarla.

En el citado boletín, Road Pace defiende este enfoque como más justo, más seguro, más saludable y más "verde", para concluir que: "Será muy difícil que se produzca cualquier cambio modal hacia la bicicleta o el caminar sin un mayor nivel de disuasión hacia la mala conducción". 

¿Como es posible que, pese a que el riesgo objetivo asociado a la conducción de vehículos a motor es más que evidente (son la principal causa de muerte no natural), el concepto de responsabilidad objetiva siga sin aplicarse en este terreno? En el caso de España, la enorme fuerza del lobby del automóvil (la industria automovilística es una de los pilares de nuestra economía) y de las aseguradoras, que mueven miles de millones al año, podría explicarlo. 

Reconozcamos al menos que esta ausencia de responsabilidad objetiva por parte de los conductores y de los lobbys que se lucran a su costa, con el consiguiente aluvión de absurdas sentencias absolutorias, de las que los medios de comunicación nos informan tan a menudo, en nada contribuye a una movilidad mas segura y sostenible. 

Y la próxima vez que contrates un seguro para tu coche piensa, amigo conductor, que los más baratos probablemente lo sean porque disponen de los abogados mas experimentados y agresivos contra las víctimas que tu coche pueda causar.





domingo, 22 de enero de 2017

La privatización de la educación vial y el carnet ciclista

Cualquier persona mínimamente sensata puede darse cuenta de que la reciente propuesta del RACE de instaurar el "carnet ciclista por puntos" es un propuesta demencial que carece de parangón en el mundo civilizado y que, en estos momentos, carece de sentido y va a contracorriente de las políticas dominantes en el resto del Mundo.

Sin embargo, históricamente, se ha demostrado que no hay peor error que menospreciar determinadas propuestas simplemente porque nos parecen descabelladas, sin analizar el trasfondo social y argumental que las respalda. La propuesta del "carnet ciclista", no es la primera vez que se realiza en España. Ha llegado a realizarse desde las mas altas instancias de la Dirección General de Tráfico, a través de un "globo sonda" luego desmentido, pero que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación. Junto a este "carnet ciclista" el globo sonda de la DGT proponía la realización de "cursos de capacitación ciclista" como paso previo a la obtención de dicho carnet.  No son los dos casos citados los únicos en los que se ha hecho esta propuesta, basta con consultar las hemerotecas para convencerse de ello. Estamos pues ante una propuesta recurrente, no ante una ocurrencia aislada del RACE. Por otro lado, basta con leerse las opiniones vertidas en la mayoría de los medios de comunicación de masas por muchos opinadores e incluso lectores, para darse cuenta de que la propuesta del "carnet ciclista" no carece de respaldo popular en nuestro país, mas bien todo lo contrario.

¿Por qué ocurre esto? En  mi opinión sería un error recurrir a explicaciones simplistas, como una conspiración del lobby del automóvil o la recurrente "bicifobia" de determinados sectores de la sociedad española. El éxito mediático y social de este tipo de propuestas generalmente descansa en problemas no resueltos, o resueltos de mala manera, que afloran de un modo perverso mediante este tipo de propuestas descabelladas. Y entonces, pero solo entonces, es cuando hacen su aparición los lobbys y la bicifobia, para aprovecharse de esta situación.

En el caso que analizamos, el problema no resuelto sobre el que descansa la propuesta del carnet de conducir para ciclistas es la ausencia de cualquier formación reglada en educación vial en  nuestro país para los no conductores de vehículos a motor. Vivimos en un país en el que la educación vial solo se imparte de un modo sistemático (campañas puntuales en los medios de comunicación aparte) en las autoescuelas y como paso previo a la obtención del "carnet de condicir" para los futuros conductores de vehículos a motor. En estas circunstancias, es natural que, ante la presencia de cada vez mas bicicletas en las calles, el argumento de que la bicicleta es un vehículo cuyos conductores podrían, en principio al menos, carecer de la necesaria educación vial, hace que parezca natural arbitrar un mecanismo por el estos conductores se vean obligados a poseer los necesarios conocimientos de seguridad vial. En una sociedad que está acostumbrada a que estos conocimientos se impartan en auto-escuelas, como paso previo a la consecución del "carnet de conducir", trasladar este mecanismo a los ciclistas parece la conclusión mas obvia.

Sin embargo, esta conclusión ni es obvia ni es la mejor. Es solo consecuencia de la privatización abusiva de la educación vial reglada, que en nuestro país es prerrogativa casi exclusiva de las auto-escuelas. En otros países, como Alemania, Holanda o Dinamarca, se incluyen los contenidos básicos de educación vial entre las materias que se imparten en la enseñanza reglada obligatoria (primaria y secundaria). En Holanda y Dinamarca, además, la bicicleta es el modo de transporte obvio para desplazarse a la escuela, siendo su uso potenciado por las propias autoridades, por lo que los conocimientos acerca del código de circulación que se imparten en clase son aplicados de modo inmediato en la vida cotidiana de la mayoría de los alumnos. Asimismo, se imparten contenidos relacionados con la movilidad sostenible, que educan a los niños y las niñas en el conocimiento y las ventajas para el medio ambiente y la salud de la movilidad activa.

Es evidente que, en dichas circunstancias, la propuesta de instaurar el "carnet de conducir" para los ciclistas carece totalmente de sentido, pues todos los ciudadanos poseen ya los conocimientos básicos de educación vial que se requieren para circular por la vía pública, que les son impartidos en la escuela como parte de su formación básica. El certificado de haber recibido la educación primaria obligatoria es ya el "carnet de conducir" para ciclistas y no hace falta otro. Dicho sea de paso, también sería el "carnet de conducir" para peatones, en el supuesto de que alguien estuviese tentado de instaurar tal barbaridad. La obligación de obtener un "carnet de conducir" específico queda solo para los conductores de vehículos a motor, en virtud de las complejidades y peligros específicos que implica la conducción de tales vehículos.

Así pues, el antídoto contra el carnet de conducir obligatorio para los ciclistas (y eventualmente para los peatones) no es otro que acabar con la privatización de la enseñanza reglada de la educación vial a beneficio de las auto-escuelas, incluyendo los conocimientos básicos de educación vial como contenidos troncales de la enseñanza pública obligatoria. Obviamente, esta propuesta debería incluir también la inclusión de contenidos básicos de movilidad sostenible, que inculcaran a los niños y niñas las ventajas de la movilidad activa (a pié y en bicicleta) para el medio ambiente y la salud. En el marco de esta propuesta, la bicicleta ocuparía un lugar privilegiado, como vehículo especialmente apropiado para inculcar a los niños y niñas estos contenidos.


viernes, 23 de diciembre de 2016

¿Podemos aspirar a ser "Capital Verde" y seguir calentando los veladores con petróleo?

Con la llegada del invierno vemos florecer en las terrazas de los bares de las ciudades españolas las estufas para calentar las mesas en la calle (veladores, decimos en Sevilla), una actividad que se ha incrementado a partir de la ley que prohíbe fumar en espacios cerrados, lo que ha incrementado a su vez la demanda de espacios de restauración exteriores pero al mismo tiempo ...  calentitos.


Las estufas pueden ser tanto de gas, como las de la foto superior, como eléctricas como las de la foto inferior. Se ubican masivamente incluso en ausencia de clientes, como puede verse en la foto superior y nadie parece preguntarse por su eficiencia para conseguir su objetivo.


Tanto en caso como en el otro estamos hablando de miles de watios por cada estufa individual, energía que se pierde en su mayor parte en calentar el aire a su alrededor que, como es lógico, asciende por su menor densidad sin calentar a los clientes del establecimiento. Solo una pequeña parte de la energía consumida por estas estufas se emplea en calentar a los ocupantes de los veladores (cuando existen) por radiación directa. 

Resulta irónico que en una sociedad crecientemente preocupada por el ahorro de energía y por la lucha contra el cambio climático, este despilfarro de energía pase desapercibido tanto para la legislación energética en general como para las ordenanzas municipales en particular. 

A los consumidores se nos instruye continuamente para que compremos electrodomésticos eficientes, mediante el etiquetado obligatorio de éstos. A los propietarios de viviendas se les exige contar con un certificado acerca de la eficiencia energética de su vivienda para cualquier transacción y a los constructores se les estimula para instalar muros y ventanas con un alto grado de aislamiento energético del exterior en las viviendas de nueva construcción, que a la vez deben ir equipadas con sistemas renovables de producción de agua caliente y, en algunos casos, electricidad. 

¿Como es posible que, al mismo tiempo que a los vecinos se nos pide todo eso en nuestras viviendas, a los propietarios de los bares se les permita instalar aparatos de calefacción en lugares exteriores, cuyo nivel de aislamiento térmico es nulo? 

Bueno, en realidad las estufas exteriores de los bares se benefician de un "limbo legal" producto de la indefinición (¿calculada?) del vigente Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE), que sobre este tema dice textualmente:  “IT 1.2.4.6.4. Climatización de espacios abiertos: La climatización de espacios abiertos sólo podrá realizarse mediante la utilización de energías renovables o residuales. No podrá utilizarse energía convencional para la generación de calor y frío destinado a la climatización de estos espacios.”

Según esto, la instalación de estufas exteriores alimentadas por gas o electricidad sería ilegal ... si no fuera porque el RITE solo se aplica a las "instalaciones fijas de climatización" (Art.2, Ámbito de Aplicación). Así que basta con que las estufas no sean "instalaciones fijas" para que sean legales. Y esto será así con independencia de que por su número y régimen de funcionamiento consuman, en la mayoría de los casos, mas energía convencional que las propias instalaciones fijas de climatización de los establecimientos. 

Estamos pues ante un auténtico despropósito que se beneficia de un resquicio legal para ir contra el espíritu de una norma cuya intencionalidad está meridianamente clara. Porque no estamos hablando de un particular que ocasionalmente utiliza una estufa de butano para calentar una reunión en su terraza, sino de negocios que de forma sistemática utilizan energías no renovables para climatizar espacios exteriores, obteniendo un beneficio económico por ello, al que otros empresarios con mayor conciencia ecológica han de renunciar. 

¿Hasta cuando persistirá en España (y en otros países) este resquicio legal, contradictorio con el resto de la normativa de ahorro energético y con el sentido común? 

Algunas ciudades, como París, han decidido ya prohibir por su cuenta las estufas en las terrazas de los bares, sin esperar a que la normativa estatal cambie. Sevilla aspira a ser "Capital Verde" europea en el año 2019. ¿Seguirá el ejemplo de París y prohibirá también este despilfarro energético en su término municipal? O, por el contrario, prevalecerán como de costumbre los intereses económicos de la potente industria hostelera de la ciudad. Y esta reflexión vale para casi cualquier otra ciudad.

Una última reflexión, aunque solo sea para justificar una entrada como esta en un blog de movilidad sostenible: En realidad hacemos cosas aún mas absurdas que calentar los veladores con petróleo, como movernos a base de petróleo por una ciudad tan llana y con un clima tan favorable para andar a pié o en bicicleta.